Casamientos del mismo sexo

Recibí lo que sigue a continuación, lo comparto, estoy de acuerdo. Ojalá la sociedad que piensa igual y calla se anime a expresarlo sin temer a que los tilden de “intolerantes discriminadores” .

Creo que estamos acostumbrándonos a una sociedad hipócrita y mentirosa, sólo deseosa de los interese personales y los beneficios políticos y económicos, y me refiero a esto de ser peronistas sin seguir a Perón y su doctrina, de ser marxistas sin seguir a Max y a su doctrina, de ser cristianos sin seguir a Cristo y su doctrina Etc. Etc. Etc.

Soy cristiano por sobre todas las cosas y creo a pie juntillas lo que Dios dice en las Sagradas Escrituras, mas allá que los escritores y cineastas profanos estén con toda sus fuerzas e intelecto tratando desdibujar la imagen de Cristo y de sus seguidores tales como El “Código Davinci” y la película próxima a estrenarse “Corpus Christi” que muestra a Jesús y a sus discípulos como homosexuales.

Por sobre todo quiero decir que creo en el matrimonio como un estandarte de la Creación realizado el día 6º por nuestro Dios, mi Dios y el Dios de todos los cristianos. Al que no cree en un Dios Creador que se limite solo a observar los actos instintivos de los animales, con eso alcanza, y no digas cuando Dios te pregunte que no sabías yo a través de este articulo ya te lo avisé.

“Y no es discriminación, pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Mi mamá se llama Ramón
por: José Carlos Areán, Capellán del R.C. Celta – Vigo

Dos leonas no hacen pareja. Dos gatos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la zoología. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Por supuesto no es un invento de la Iglesia Católica.

Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Después ellos se divertían con efebos, que para eso estaban, para el disfrute. La esposa era para tener hijos. La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: “matris” y “munio”. La primera significa “madre”, la segunda “defensa”. El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano.

Cada palabra tiene su significado propio. Una compraventa gratuita no es una compraventa, sino una donación. Y una enfiteusis por cinco años no es una enfiteusis, sino un arriendo vulgar. Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate. De carcajada. Que le llamen “homomonio”, “chulimonio”, “seximonio”, lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama tarta de manzana a la que está hecha de peras. Lo curioso es que cuando dices cosas como estas, algunos te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y me llaman intolerante.

No sé lo que harán los parlamentarios españoles (o Argentinos) a la hora de votar. Son políticos, no juristas. Votarán por razones políticas, no según Derecho.

Las consecuencias son graves.

Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿O a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho? La sociedad se quiebra. Huele a podrido.

Como en Dinamarca. Cuando la profe le preguntó a Pablito cómo se llamaba su madre, el niño contestó: … ‘Mi mamá se llama Ramón’.”

Adaptado por Rolando E. Gigliotti

Un pensamiento en “Casamientos del mismo sexo

  1. Levantino

    El argumento es muy válido, es así, es innegable que la naturaleza es sabia y deseable que todos tengamos una naturalidad de ese tipo, pero eso no asegura que no haya gente que nazca con este tipo de desvíos, que no nazca completamente sana o no adquiera ese tipo de anomalías por diferentes razones en el curso de su vida; ese razonamiento válido y muy lógico no nos asegura que esa gente deje de existir, seguirá habiendo y surgiendo como fruto de la sociedad y de la vida.
    Es como quien nace tullido, ciego, mudo, o con cualquier enfermedad que lo hace diferente a nosotros.
    La pregunta es: ¿no tienen derecho a ser felices por esa razón? ¿Son gente de segunda por ese motivo? ¿Los dejamos apartados y fuera de la ciudad como hace más de 20 siglos atrás como hacían esas sociedades antiguas con los leprosos?
    Es muy ilustrativa la etimología del término acuñado en ese tiempo: “matris” y “munio”. La primera significa “madre”, la segunda “defensa”, pero en definitiva son términos contemporáneos a las actitudes que se tenía con esos individuos. Los términos y denominaciones son solo eso: una forma de identificar algo, podrá seguir siendo útil o no a través del tiempo.
    ¿O la solución en cambio es el cinismo de hacer de cuenta que no existen? ¿O de hecho la solución es la discriminación, con el consabido sufrimiento para la persona que eso hecho concibe, agregado al sufrimiento que la naturaleza o la vida ya le ha dado por haber nacido así, o visto inmerso en ciertas circunstancias que lo han determinado de esa forma?
    Los estados, y los gobiernos que los representan, tienen como uno de sus principales objetivos el bienestar y la felicidad de su gente, ¿deberían estas personas ser excluidos de ese beneficio? ¿En caso de que el gobierno entienda que no deberían ser excluidos, cómo debería legislar para darles la oportunidad de ser felices y contribuir a su bienestar como lo hace para con el resto de la población?
    También creo, o más bien me animo a creer, que así como la ceguera, el ser mudo, minusválido o cualquiera de las enfermedades o realidades que hacen diferentes a las personas, no son contagiosas, y por tanto no merecen las personas ser aborrecidas por ser como son, por tanto no nos deberíamos atemorizar por la posibilidad que les da el estado de ser felices y de sentirse bien. Tampoco me parece que un niño que se cría en un entorno familiar de ese tipo esté mas propenso a algún tipo de influencia por compartir un ambiente en que los padres sean del mismo sexo; reitero en este caso: me animo a pensar así, no tengo la plena seguridad para afirmarlo.
    Pero sí estoy seguro de poder contar sobrados ejemplos en la sociedad de hijos surgidos de familias bien constituidas que terminan siendo escorias de estas sociedades actuales, esto me dice que la salud de una sociedad no está necesariamente en cómo se integra una familia, sino en el tipo de actitudes que cada integrantes de esa familia tenga para con sus hijos.

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