La segunda venida de Cristo

Himno N°
Himno N°

La segunda venida de Cristo

Han pasado 41 años que nací en un hogar adventista y unos 37 desde que oí por primera vez acerca de la bendita esperanza de la segunda venida de Jesús.

EJ. Sepelio de mi abuelo (ponga aquí alguna ilustración de su vida)
En el Cuzco

En ese momento la bendita esperanza transformó nuestra soledad y vacío en una vida colmada de fe y esperanza.

Y esta esperanza creció de la misma manera como yo crecí físicamente.

Recuerdo bien los sábados de niñez.

¡Qué sábado aquéllos! Aún puedo ver como si fuera hoy a las personas. ¡Cómo cantaban!

Me acuerdo que el pastor (mi papá) predicaba a menudo acerca de la bendita esperanza del regreso de Jesús.

Relataba a la congregación acerca de cómo se sacrificaban los pioneros para predicar, publicar y anunciar la venida de nuestro Señor.
Recuerdo que se le llenaron los ojos de lágrimas cuando nos contó acerca de la esposa de José Bates, quien reprochó a su esposo por haberle dado todo a esta causa aquel día cuando descubrió que no tenía suficiente harina para terminar de hornear el pan.

Me gusta predicar acerca de la bendita esperanza que anuncia que nuestro Rey vendrá muy pronto.

Mi corazón rebosa siempre de gozo y entusiasmo cuando hablo de este tema.

Esta bendita esperanza habla por sí misma, porque es tan querida,
tan maravillosa,
tan poderosa
y tan elocuente.

Si usted la conoce y cree en ella, la amará;
si la ama, la anunciará;
si la anuncia, abreviará el tiempo de espera.

Deseo que podamos lograr dos cosas importantes.
En primer lugar, que renovemos y fortalezcamos nues¬tra fe en esta amada y bendita esperanza,

especialmente en la certeza de que nuestro Rey, nuestro Señor Jesucristo, vendrá pronto.

Y en segundo lugar, que nuestra seguridad en las palabras de Jesús mismo, así como en las de los patriarcas y profetas, discípulos y apóstoles, y en las de nuestros pioneros, acerca de la segunda venida de Jesús, lleguen a sernos tan reales que nos preparemos cada día, inclusive hoy, para este acontecimiento.

Al escribir a Tito, Pablo la llamó la «esperanza bienaventurada».

Para Pedro era la promesa que transformará este viejo mundo en uno nuevo.

Para Juan, era el momento tan largamente esperado cuando él, usted y yo finalmente veremos cara a cara a Jesús y oiremos su voz amorosa invitándonos a estar con él para siempre.

¿Brilla esta esperanza en su corazón?
¿Está en pie su confianza en esta promesa? ¿Anhela la llegada de ese día?

Sé que así es para usted.

También lo es para mí.

Pero, aquí está la pregunta que muchos se hacen con creciente frecuencia:

«¿Cuándo vendrá Jesús otra vez?
¿Cuán lejana está su venida?
¿Cuán, cerca?»

Hemos predicado durante más de 156 años que Jesús vendrá pronto, y él, no ha llegado aún.

Algunos se han desanimado después de tanto esperar.

Otros, aun cuando todavía están en la iglesia, han perdido aquel primer amor por la esperanza bienaventurada.

No están seguros de que alguna vez Cristo regrese.

¿Cuál es su posición?
¿Cómo está su fe?
¿Está usted cansado de esperar?

Necesitamos mantener la fe y la confianza de nuestros pioneros en esta bendita esperanza.

Fue ella la que los inspiró a avanzar,
a estrechar filas,
a cruzar océanos,
a escalar montañas,
a predicar en las islas,
y a ir a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

Avanzamos bajo la gloria de nuestros padres y la inspiración de su fe.

Ellos creyeron en la proximidad de la segunda venida de Cristo.

Los impulsó la convicción dominante de que el regreso de Jesús era un acontecimiento cercano, que estaba a las puertas.

Pero,
¿por qué no ha venido Jesús?
¿Cuándo vendrá?
¿Cuán lejos estamos de la venida de nuestro Señor?
¿Está cerca?
¿Está lejos?

Permitidme reproducir algunas citas de la hna. White que obligan a meditar:

«No es el deseo de Dios que la segunda venida de Cristo se retarde de este modo» Evangelismo, pág. 696.

«Los cristianos de hoy harán bien en recordar que la demora del desposado celestial no se debe a falta de preparación de su parte. Podría haber venido hace mucho tiempo si su pueblo hubiese estado listo para recibirlo, y hubiese sido ferviente en terminar la tarea que le fue asignada, es decir, en preparar al mundo para su venida»
(SDA Bible Commen¬tary sobre Mat. 25: 5).

¿Cuál es la dificultad?
¿Dónde radica el peligro?

Al hablar acerca de la preparación para la segunda venida de Cristo Elena de White dice:

«Se me mostró el peligro que corremos como pueblo, de llegar a asemejarnos al mundo más bien que a la imagen de Cristo. Estamos ahora en los mismos umbrales del mundo eterno; pero es el propósito del adversario de las almas inducirnos a postergar la terminación del tiempo. . . Satanás. . . inducirá a tantos como pueda a postergar el día malo, a identificarse en espíritu con el mundo y a imitar sus costumbres. Me sentí alarmada al ver que el espíritu del mundo estaba dominando los corazones y las mentes de muchos que hacen alta profesión de la verdad. Albergan el egoísmo y la complacencia propia; pero no cultivan la verdadera piedad ni la estricta integridad»
Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 505

El pastor A. G. Daniells, presidente de la Asociación General desde 1901 hasta 1922, cuenta su encuentro en cierto congreso realizado al aire libre en los Estados Unidos con un pastor muy anciano a quien no había visto por muchos años.

Este pastor había sido presidente de una de las juntas.

Cuando el Hno. Daniells le estrechó la mano y le preguntó: «¿Cómo está usted?», notó que los labios del anciano temblaban, y con los ojos llenos de lágrimas respondió:

«Hno. Daniells, estamos desanimados». Entonces le contó que por más de cincuenta años, él y su esposa habían aguardado para ver terminar la obra, y al Señor cuando viniera en las nubes. Y añadió: «Yo ya soy anciano, y temo que voy a bajar a la tumba antes de que Jesús regrese».

Ese anciano obrero estaba profunda¬mente conmovido, y lloró. Lo mismo hizo también el pastor Daniells.

Había considerado tanto lo futuro, se había aferrado a él con tan firme esperanza, que casi había perdido el contacto con Dios en el momento presente.

Amamos a nuestro Dios y Salvador Jesucristo.

Hemos estado en este mundo demasiado tiempo ya.

Necesitamos ir a casa.

Es tiempo de ir.

Pero todavía estamos aquí.

¿Cuán lejos o cuán cerca está el Hogar? ¿Cuándo llegaremos?

Sant. 5: 7, 8.
«Hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor… Afirmad vuestros corazones»

Heb. 10: 35-37.
«No perdáis, pues, vuestra confianza… porque os es necesaria la paciencia para que… obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará»

«Alcemos los ojos y dejemos que nuestra fe aumente de continuo»
(Profetas y Reyes, pág. 541).

Cuando nuestra fe en la venida del Señor llegue a ser no sólo una creencia, sino parte de nuestro propio diario vivir, entonces el Señor vendrá, e iremos al hogar.

Esto significa que necesitamos buscar al Señor;

buscarlo sincera y humildemente, y permanecer serenos.

Nuestra vida diaria de¬be girar en torno de la semejanza a Jesús.

Escudríñense a fin de preparar vues¬tro carácter.

Haciéndolo, comprobaréis que vuestro amor por esta bendita esperanza y vuestra fe en ella se acrecentarán en vuestra alma de tal manera que en vuestra oración diaria pediréis:

«¡Ven, Señor Jesús!» MARANATHA!

«La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén» Apoc. 22: 21.

Añadir un comentario